You condemn a man
If you faith he doesn’t hold
You say the color of his skin
Is the color of his soul
Could you say that men
For king and country all must die

Then Mr. you´re a better man than I

(The Yardbirds, 1966)

Veo y escucho cosas que son capaces de hacer gentes que, según declaran, tienen unos elevadísimos principios. Y entre esas acciones se encuentran crímenes a veces difícilmente imaginables por la mente más sádica que pudiera existir.
Sin embargo contemplo los actos de otras personas que quizás no tengan unos ideales tan inspirados. Hombres y mujeres caracterizados por el cuestionamiento de sus propios prejuicios, por su capacidad de dudar y de replantearse tantas y tantas “firmes creencias” en las que otros basan su conducta.
No hablo del debate ético Principios – Medios – Fines, sino del daño, terrible, que causan a sus semejantes todos aquellos defensores acérrimos de sistemas e ideologías fabricados de forma totalizadora, con afán inexorablemente expansivo.
Sé que todo esto lo han dicho, de mejor manera, muchos pensadores anteriormente. Pero yo manifiesto mi hartazgo y mi repulsa personal ante tantos fieles, tantos ciegos seguidores, tantos fanáticos dispuestos a la violencia brutal, sea física o no. Los “extremistas” que se dicen poseedores de la verdad la defienden muriendo y, lo que es peor, matando.
En medio de unos y otros se encuentran todos aquellos capaces de hacer cosas buenas sin creerse los amos del bien; actúan movidos por valores que no provocan sufrimiento en los demás. Tampoco piensan que su forma de vida sea la única posible. No son santos, pero se sienten comprometidos. No son héroes, pero saben que las cosas no se cambian solas.
Desde este post brindo por todos aquellos dedicados a mejorar su entorno social (o cualquier otra parcela humana) sin tener que convencernos/vencernos imponiéndonos su fe, su ideología o su forma de ver el mundo.
Salud.

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