Fotografías del Festival Flamenco de la Velada de las Nieves

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El sábado 4 de agosto de 2018 se celebraba el LVIII Festival Flamenco de la Velada de las Nieves, una cita clásica en el verano arcense.

Este arte y su música no dejan de sorprenderme; su origen es tan misterioso como extrañas son sus armonías. La expresividad de los cantaores, el compás de vértigo de las palmas, la serenidad generosa del tocaor, la plasticidad de los movimientos de la bailaora… mil matices por descubrir en cada actuación.

Con estas fotos solo pretendo reflejar algunos de ellos.

CARTEL

  • Remedios Reyes. Guitarra: Vicente Santiago
  • Pepe el Boleco. Guitarra: Antonio García
  • Luisa Palicio al baile, con el cante de Ana Gómez y Javier Rivera. Guitarra: Javier Pérez
  • José Carpio el Mijita. Guitarra: Pepe del Morao
  • Lela Soto Sordera. Guitarra: Antonio Malena Hijo
  • Rancapino Chico. Guitarra: Paco León
  • Medalla de oro del festival: Miguel Cambayá, locutor de Radio Arcos. Se la entregó el alcalde, Isidoro Gambín
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Hacíamos ruido, y eso nos bastaba.

La pequeña Sue 1997
Interior de la maqueta del grupo arcense de indie-rock y power-pop La pequeña Sue, 1997

Por la fecha que pone en la carpetilla de la cinta casete, debía ser Semana Santa. Lo recuerdo bien porque llegamos a Arcos de noche y nos fuimos al Paseo de Boliches, donde había garitos abiertos “de temporada”, es decir, solamente para esos días de fiesta. Era algo que entonces se hacía en esa calle, que, pasando la medianoche de aquel día santo (qué procesión estaría aún sin recogerse) parecía la eslora de un barco grande, sobre la negra humedad del Guadalete, escondido y oscuro.

Contentos íbamos nosotros con nuestra maqueta debajo del brazo, grabada en un solo día, en el estudio de Los hermanos Dalton, San Fernando. Nos faltaba tiempo para decirle a alguno de los bares aquellos que pusieran nuestra música. Y así seguíamos disfrutando de lo nuestro.

Este es el retrato de un día de felicidad. Una de esas jornadas redondas que nadie ni nada te puede borrar de la memoria. Creíamos que hacíamos ruido con etiquetas más o menos de moda, pero esencialmente hacíamos música, nuestra música. La que nos daba la gana. La que nos gustaba. Nos planteamos un reto y lo conseguimos. Ensayamos, compusimos, aprendimos. Era difícil porque cada uno éramos (somos) muy de nuestro padre y de nuestra madre; pero, mira: algo salió.

No había entonces smartphones, ni compartíamos al momento cualquer chorrada (ay, esto empieza a parecer el escrito de un cascarrabias nostálgico) aunque también surgían, claro. Ni siquiera la foto (fotocopiada luego) se hizo con una cámara digital. Todo tenía un tinte artesanal muy importante, porque no era el fruto de un tío solo en su cuarto haciendo todo el trabajo con un ordenador, sino el resultado de varias personas que se veían de vez en cuando y ensayaban durante semanas hasta conseguir algo que les divirtiera. Y para eso, muchas veces, había que tirar de amigos: el del ordenador, el manitas, el que sabía inglés de verdad, el de la foto, el que nos proveía de cosas, el que nos buscaba conciertos…

Este post solo es un agradecimiento sencillito para aquellas personas que compartieron conmigo, en aquella etapa, ilusiones, anhelos, esperanzas, proyectos, discos, poemas, litronas, humos diversos, púas, cuerdas, camisetas, conciertos, lizipaínas, causas perdidas, causas encontradas, fanzines, los primeros cds, amores, pensamientos… y me quedo corto, siempre me quedaré corto, porque los buenos ratos, acompañados de tres acordes y ritmos rápidos, son irrepetibles y no se dejan atrapar.

Nadie nos los puede quitar.

[De izquierda a derecha: Lorenzo Roldán, Francisco Suárez, yo, José Manuel García. Tas la cámara: María Ángeles Sánchez]