Minientrada

Despierto.

Despierto… Por la tarde la cigarra y por la noche el grillo. De la playa sube un frío milenario que atraviesa el sueño. “Allende los mares” tengo amigos escuchando música azul o respirando ciudades de humo y niebla. Quizás alguno nos salve de esta cabalgata horrible de noticias sobre el hundimiento permanente. Tal vez alguno comparta, de nuevo (como siempre hicimos, como nunca dejamos de hacer) una canción, un poema, una partida de ajedrez.

Pese a todo y contra todo, más belleza.

 

Cádiz, 22 de julio de 2012

(foto: Arcos, de noche)

Hacíamos ruido, y eso nos bastaba.

La pequeña Sue 1997

Interior de la maqueta del grupo arcense de indie-rock y power-pop La pequeña Sue, 1997

Por la fecha que pone en la carpetilla de la cinta casete, debía ser Semana Santa. Lo recuerdo bien porque llegamos a Arcos de noche y nos fuimos al Paseo de Boliches, donde había garitos abiertos “de temporada”, es decir, solamente para esos días de fiesta. Era algo que entonces se hacía en esa calle, que, pasando la medianoche de aquel día santo (qué procesión estaría aún sin recogerse) parecía la eslora de un barco grande, sobre la negra humedad del Guadalete, escondido y oscuro.

Contentos íbamos nosotros con nuestra maqueta debajo del brazo, grabada en un solo día, en el estudio de Los hermanos Dalton, San Fernando. Nos faltaba tiempo para decirle a alguno de los bares aquellos que pusieran nuestra música. Y así seguíamos disfrutando de lo nuestro.

Este es el retrato de un día de felicidad. Una de esas jornadas redondas que nadie ni nada te puede borrar de la memoria. Creíamos que hacíamos ruido con etiquetas más o menos de moda, pero esencialmente hacíamos música, nuestra música. La que nos daba la gana. La que nos gustaba. Nos planteamos un reto y lo conseguimos. Ensayamos, compusimos, aprendimos. Era difícil porque cada uno éramos (somos) muy de nuestro padre y de nuestra madre; pero, mira: algo salió.

No había entonces smartphones, ni compartíamos al momento cualquer chorrada (ay, esto empieza a parecer el escrito de un cascarrabias nostálgico) aunque también surgían, claro. Ni siquiera la foto (fotocopiada luego) se hizo con una cámara digital. Todo tenía un tinte artesanal muy importante, porque no era el fruto de un tío solo en su cuarto haciendo todo el trabajo con un ordenador, sino el resultado de varias personas que se veían de vez en cuando y ensayaban durante semanas hasta conseguir algo que les divirtiera. Y para eso, muchas veces, había que tirar de amigos: el del ordenador, el manitas, el que sabía inglés de verdad, el de la foto, el que nos proveía de cosas, el que nos buscaba conciertos…

Este post solo es un agradecimiento sencillito para aquellas personas que compartieron conmigo, en aquella etapa, ilusiones, anhelos, esperanzas, proyectos, discos, poemas, litronas, humos diversos, púas, cuerdas, camisetas, conciertos, lizipaínas, causas perdidas, causas encontradas, fanzines, los primeros cds, amores, pensamientos… y me quedo corto, siempre me quedaré corto, porque los buenos ratos, acompañados de tres acordes y ritmos rápidos, son irrepetibles y no se dejan atrapar.

Nadie nos los puede quitar.

[De izquierda a derecha: Lorenzo Roldán, Francisco Suárez, yo, José Manuel García. Tas la cámara: María Ángeles Sánchez]

Cita

Cita de Esquilo: las malas compañías

    En cualquier empresa no hay nada peor que tener mala compañía: no puede obtenerse buen fruto. La tierra sembrada de error, como fruto, produce la muerte. Sí; un hombre piadoso que embarca en un navío con marineros temerarios que proyectan alguna maldad, termina por perecer en compañía de esa raza de hombres que es despreciada por las deidades.

Esquilo, Tragedias. Los siete contra Tebas, Editorial Gredos, Madrid, 2000.