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La nieve en Arcos de la Frontera: 19 de enero de 2017

Desde 1954 no nevaba en Arcos de la Frontera. De aquel año, el pueblo guarda en su memoria las fotografías que Víctor Marín Solanopionero de los fotógrafos arcenses, realizara: dejó para la posteridad las imágenes de la nieve sobre los tejados y azoteas de la ciudad.

Si bien es cierto que ahora este fenómeno climatológico no ha llegado a las calles del centro, sí lo hizo en algunas partes de nuestro entorno rural, como la barriada de Las Abiertas, y en algunos campos.

Las fotografías que aquí mostramos son de las carreteras hacia Villamartín y El Bosque, que se bifurcan una vez pasado el cruce del final de la Cuesta de Las Caleras (o de “La Escalera”), si vienes desde Arcos. Alcornoques, chumberas, pitas, lentiscos, esparragueras, palmitos y tarajes se vistieron por unas horas de blanco, para satisfacer la curiosa alegría de los propios vecinos y de todos los que pasaban por allí.

Imagen

Carnaval. Contrapunto.

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Carnaval. Contrapunto. Arcos de la Frontera, Febrero de 2016.

Despierto.

Despierto… Por la tarde la cigarra y por la noche el grillo. De la playa sube un frío milenario que atraviesa el sueño. “Allende los mares” tengo amigos escuchando música azul o respirando ciudades de humo y niebla. Quizás alguno nos salve de esta cabalgata horrible de noticias sobre el hundimiento permanente. Tal vez alguno comparta, de nuevo (como siempre hicimos, como nunca dejamos de hacer) una canción, un poema, una partida de ajedrez.

Pese a todo y contra todo, más belleza.

 

Cádiz, 22 de julio de 2012

(foto: Arcos, de noche)

En la muerte de Manuel Agujetas, cantaor.

Seguramente nadie lleva su cara en horteras pegatinas en la trasera del coche, ni será nunca considerado ídolo por movimiento comercial alguno. No era de la gente: ni de los ricos, ni de los pobres; ni de los cultos, ni de los analfabetos; no atraía al gran público, ni nadie dirá a boca llena eso tan manido de “era una gran persona”; no era de nadie, solo de su cante.

Le vi renegar de Jerez en el Teatro Villamarta, ante los jerezanos; le escuché repudiar a los gitanos en la Plaza de la Asunción, ante cientos de ellos. Sin embargo, durante años no ha habido otro que representara el cante gitano de Jerez como él; aunque naciera en Rota. Paradojas… o una espina clavada que él se quitaba cantando fandangos contra la institución de la Justicia, delante de los jueces; contra los poderosos, teniéndolos en primera fila. Contra alguno de sus hijos, que le respondía entre el público triste, clamando al amor paternal.

No era un revolucionario de nada, ni hacía militancia por causas lejanas a su propia existencia. Solo defendía su cante, su única bandera. Con vanidad cuando se glosaba, él mismo; pero con humildad proverbial y sabiduría jonda, cuando lo ejecutaba. Si se dice eso de el cante hablado, el cante masticado… son apelativos que se crearon para él.

Cantaba lo que vivía. Ni una brizna de falsedad hay en su repertorio de bulerías, soleares, seguiriyas y tonás. Aunque muchas letras ya vinieran de siglos, y fueran clásicas, en él cobraban vigor, extrañeza, personalismo; haciendo que, de nuevo, el flamenco se tornase, esencialmente, esa crónica pasional, y delicada a la vez, que no se puede silenciar por radio-fórmulas, ni pisotear por señoritos, ni perderse entre el gentío vulgar; la tragedia de todo aquel que, durante la Historia de Andalucía, ha trabajado deslomándose, casi esclavo: el jornalero polvoriento en la viña y el cortijo, el arriero honrado en el camino, el pastor melancólico en los montes desolados, el herrero quemado en su infierno, el emigrante tembloroso, el soldado adolescente que arrancan de su casa hacia una guerra ignota. La soledad, el miedo, la muerte, la vileza del dinero, el arrojo, los instintos bajunos, la nobleza del sentimiento, el amor asesino, la lírica de los celos, la miseria material de generaciones enteras, la enfermedad moral de muchos predicadores del bien. Todo, en su cante rancio y provocadoramente individualista, sin concesiones.

Era capaz de escupir en el escenario después de una ronda de bulerías para escuchar; y en la misma función, podía dejar caer su chaqueta en la silla con esa elegancia en el vestir que tienen los flamencos; con arte, siempre.

Decían que se parecía a Manuel Torre; y él, con su habitual desparpajo, reconocía no haberlo escuchado. No se debía a ninguna escuela, aunque oírlo te transportaba a la misma entraña de La Plazuela, uno de los corazones con que late la gitanería de Jerez. Un mundo aparte, con sus propios códigos, y fronteras, pues del campanario de San Miguel al de Santiago, toda una nación del cante se custodia amurallada, dejando los arrabales de la Reconquista para ese pueblo errante, que tanto, aquí, ha entregado a la cultura del sur.

Si, para los que se van, hay eso que los aficionados llamamos el Cuarto de los Cabales, una silla de enea estará ahí para él.

Descanse en paz:

Don Manuel De los Santos Pastor, Agujetas de Jerez.

Noticia de la muerte de Agujetas en El País

Agujetas en el programa de televisión Rito y geografía del cante, 1972

 

‘Toná’ de final de año.

Toná.

Estando yo preso en Cádiz
me sentaba yo en el mío petate
y me ponía a cavilar.
Yo no sabía lo que a mí me estaba pasando…
sino lo que me quedaba a mí que pasar.

(Canta: José Carpio”Mijita”)

[La niebla oculta mucho de lo cercano, y sin embargo nos permite mirar al sol, blanco, potente y perfecto. Así pasa con algunas cosas: nos velan la vista sobre lo inminente, pero a cambio dejan traslucir algo que siempre queda, y que nos alumbra desde el futuro, aguardándonos impasible, irónico, y ajeno a nuestros sentimientos de ahora].

MI página sobre la Peña de Arcos de la Frontera

Monumento Natural de Andalucía entre la Campiña de Jerez y la Serranía de Cádiz

Una página para conocer más acerca del patrimonio natural e histórico de mi ciudad, que asienta su conjunto monumental sobre el imponente tajo.

Si picas en el siguiente enlace, Peña de Arcos de la Frontera Monumento Natural de Andalucía, entrarás en la página que dedico a los recursos naturales, históricos, culturales y turísticos de Arcos, y que tienen que ver con este singularísimo elemento del paisaje gaditano.